El Salvador está marcando el rumbo en la regulación de activos digitales a escala internacional, no solo por haber aprobado una legislación específica para este sector, sino por la forma en que ha construido una institucionalidad dedicada. Así lo afirmó Mukhtar Bubeyev, exdirector ejecutivo de la Autoridad de Servicios Financieros de Astana (AFSA) en Kazajistán, quien destacó el papel de la Comisión Nacional de Activos Digitales (CNAD) como uno de los principales diferenciales del modelo salvadoreño.
Bubeyev, con experiencia en supervisión bancaria y política monetaria, subrayó que El Salvador tomó una decisión poco común al crear un regulador especializado exclusivamente en activos digitales:
En muchos países, este tipo de regulación se intenta encajar dentro del marco financiero tradicional. Aquí existe una institución dedicada, con una visión muy clara de lo que se quiere permitir y lo que no
Según el exregulador, esta claridad genera confianza tanto en los innovadores como en los inversionistas institucionales. “Cuando el regulador sabe exactamente qué quiere lograr, la industria puede avanzar con mayor seguridad. Eso es algo que no se ve con frecuencia”, explicó.
Bubeyev utilizó una analogía para describir la relación entre industria y regulación. “La industria quiere ir rápido, como un carro acelerando, y el regulador suele presionar el freno. Pero en algunos momentos el regulador también tiene que empujar para que el mercado avance”, señaló, destacando que encontrar ese equilibrio es uno de los mayores retos para cualquier autoridad.
Astana como laboratorio regulatorio previo a los activos digitales
Al comparar el caso salvadoreño con su experiencia en Asia Central, Bubeyev explicó que el Centro Financiero Internacional de Astana fue diseñado como una jurisdicción especial, separada del marco legal tradicional de Kazajistán, con derecho anglosajón, idioma inglés y tribunales propios, para generar confianza entre inversionistas internacionales:
La idea era que un abogado en Singapur o Londres pudiera revisar el marco legal y decir: ‘entiendo estas reglas y me siento cómodo invirtiendo aquí’
Este modelo, concebido en 2015 e iniciado en 2018, permitió atraer a más de 4.000 empresas, la mayoría no financieras, que utilizan el centro financiero como plataforma para comercio, inversión o estructuras corporativas. En materia de innovación financiera, Astana reconoció desde el inicio el potencial de los activos digitales y optó por un esquema gradual de adopción.
“Empezamos con un sandbox regulatorio y con límites muy bajos, como USD 1.000, para que el banco central, los bancos y los reguladores se sintieran cómodos. Si algo se rompe, es mejor que se rompa a pequeña escala”, explicó Bubeyev. Con el tiempo, y conforme aumentó la confianza, los límites se ampliaron y se permitió una mayor interacción entre bancos y exchanges.
Para Bubeyev, este proceso refleja un patrón histórico similar al de los mercados cambiarios. “Al principio, el intercambio se hacía de forma informal y riesgosa. Luego se institucionalizó, primero con casas de cambio y después con bancos. Lo mismo está ocurriendo ahora con bitcoin y las stablecoins”, afirmó.

El ex CEO de la AFSA considera que la adopción institucional de los activos digitales es inevitable, aunque no será homogénea. “Los grandes bancos tienen la capacidad de invertir en infraestructura y entender los riesgos. Para los bancos medianos y pequeños es más difícil, pero la demanda de los clientes ya existe y eso los obligará a adaptarse”, destacó.
Oportunidades en El Salvador
Bubeyev explicó que su presencia en El Salvador responde precisamente a ese interés por explorar cómo su experiencia puede ser útil en esta etapa de desarrollo del mercado. “Estoy aquí para entender cómo puedo ayudar, desde la perspectiva de un regulador, cómo piensan los supervisores y cómo piensan los equipos de cumplimiento de los bancos”, señaló.
Añadió que su objetivo es contribuir a que las instituciones financieras puedan adoptar activos digitales de forma segura, con una correcta segregación de activos y procesos claros, de manera que los clientes tengan la certeza de que sus fondos están protegidos y que los reguladores puedan confiar en que el sistema funciona correctamente.
En este contexto, señaló que el país centroamericano está bien posicionado para avanzar hacia la siguiente fase del mercado: la integración de los activos digitales en los mercados de capitales. “Una vez que los bancos se sienten cómodos manejando USD tokenizados o stablecoins, el siguiente nivel es utilizarlos para invertir o emitir instrumentos, como bonos”, sostuvo.
Bubeyev también destacó el potencial de la tokenización de activos del mundo real como una nueva vía de acceso al capital, especialmente en sectores como el inmobiliario, donde el valor y los retornos son más fáciles de evaluar. “Incluso los fracasos son importantes, porque ayudan a entender los riesgos y a diseñar mejores protecciones. Después de eso, el crecimiento puede ser muy rápido”, añadió.
El exregulador recordó que visitó El Salvador por primera vez a finales de 2024 y que quedó impresionado por la claridad de visión de las autoridades. “Para los reguladores, especialmente en industrias nuevas, es clave tener muy claro qué se quiere lograr. En El Salvador encontré un equipo con una visión definida”, afirmó.
A su juicio, el país ya está liderando en varios frentes dentro de la industria global de activos digitales:
Si El Salvador mantiene este impulso, los beneficios no serán solo para su población, sino también para la industria global. Otros reguladores e instituciones pueden aprender mucho de esta experiencia
Bubeyev destacó el enfoque “pragmático e inteligente” que, según dijo, permite que la innovación avance sin perder de vista la seguridad, la protección de los usuarios y la estabilidad financiera, un equilibrio que considera clave para el desarrollo sostenible del mercado de activos digitales.
En su opinión, el valor del caso salvadoreño no está solo en la velocidad de adopción, sino en la capacidad de probar, ajustar y escalar nuevas herramientas financieras dentro de un marco regulado. Consideró que este proceso permitirá generar aprendizajes prácticos tanto para autoridades como para instituciones privadas, en un entorno donde la innovación avanza más rápido que la regulación tradicional y obliga a repensar cómo se construyen los mercados financieros del futuro.
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