El Banco de España advirtió a las entidades financieras sobre la necesidad de fortalecer su capacidad de análisis, monitoreo y gestión del riesgo geopolítico, en un contexto internacional marcado por la creciente incertidumbre y la transformación de los equilibrios económicos globales. Así lo expuso la subgobernadora, Soledad Núñez, tanto en la presentación del último número de Papeles de Economía Española como en un artículo publicado en dicha revista.
Durante su intervención en Madrid, Núñez subrayó que el entorno es “tan inestable e impredecible” que obliga a las entidades a reforzar su capacidad de anticipación frente a posibles escenarios disruptivos. Según explicó, el riesgo geopolítico no es exclusivo del sector financiero, pero sí tiene un impacto directo en su perfil de riesgo y en la estabilidad del sistema.
En el artículo titulado “Nuevos desafíos del sector bancario”, la subgobernadora identificó el riesgo geopolítico como el primer gran reto para la banca europea y española. Aunque el sistema parte de una posición de solidez —con mejoras significativas en rentabilidad, solvencia y calidad de activos en la última década—, el nuevo entorno global exige una adaptación permanente:
Las entidades debían ser capaces de analizar el entorno en el que operaban, los acontecimientos inesperados que podían surgir y el impacto que se pudiera materializar en su perfil de riesgo, con el fin de poder reaccionar con agilidad mitigando las consecuencias negativas
Núñez advirtió que los grandes shocks recientes —como la pandemia, la crisis energética derivada de la invasión rusa a Ucrania o los conflictos en Oriente Próximo— no han tenido un impacto significativo en el sistema financiero europeo, en gran parte gracias a la respuesta fiscal extraordinaria de las administraciones públicas. Sin embargo, alertó de que la elevada deuda pública podría limitar la capacidad de reacción ante futuros eventos de gran magnitud.
En ese sentido, recalcó que el riesgo geopolítico “había venido para quedarse” y que el mayor desafío radica en su “falta de concreción” y en la dificultad para anticipar la magnitud de sus efectos. Por ello, instó a las entidades a incorporar este tipo de riesgo dentro de su operativa tradicional, integrándolo en los marcos habituales de gestión.
La subgobernadora resumió los pilares de una adecuada gestión en cuatro conceptos: “monitoreo, adaptación, mitigación y gestión”.
Explicó que el monitoreo implica estar al corriente de los acontecimientos geopolíticos y evaluar sus posibles implicaciones económicas; que la adaptación supone trasladar rápidamente las decisiones necesarias dentro de la organización; que la mitigación requiere implementar medidas que redujeran los impactos negativos; y que la gestión exige integrar estos factores en el análisis de los riesgos tradicionales, como el crédito, la liquidez o el mercado.
Además del riesgo geopolítico, el Banco de España identificó otros desafíos clave, como la digitalización, la inteligencia artificial y la sostenibilidad. No obstante, la advertencia central fue que el contexto global experimenta transformaciones estructurales, con debates abiertos sobre el reposicionamiento estratégico de Europa, la competencia entre bloques económicos y el rediseño de las cadenas de suministro.
“Estábamos viviendo una época en la que ciertos cánones y principios geopolíticos, estratégicos y económicos se habían puesto en duda”, advirtió Núñez. En ese escenario, la banca debe asegurarse de mantener su resiliencia y capacidad de reacción ante cambios que podían producirse con mayor rapidez y profundidad que en el pasado.
El mensaje del supervisor fue claro: aunque el sector atraviesa un momento favorable en términos de rentabilidad y solvencia, no debe relajarse. La integración sistemática del riesgo geopolítico en los modelos de negocio resultará determinante para preservar la estabilidad financiera en un entorno global cada vez más complejo.
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